
El secreto que la tierra necesita y la agricultura moderna olvidó
Lo que aprendimos sobre permacultura, microorganismos y Bocashi en Ritmo del Río, Colombia.
COLOMBIA
Pepe y Vale
9/10/20265 min leer
Taller de Bocashi con Leonardo Henao, en Ritmo del Río, Colombia.
Hay lugares a los que uno llega pensando que simplemente va a conocer un paisaje, una comunidad o una nueva forma de viajar. Y después termina yéndose con preguntas que se quedan dando vueltas durante días. Eso nos pasó en Ritmo del Río, en San Rafael de Antioquia.
Entre huertas, tierra, plantas y conversaciones sobre cómo producir nuestros propios alimentos, tuvimos la oportunidad de participar en un taller de Bocashi junto a Leonardo Henao, profesor agrícola y uno de los responsables de la granja. Nosotros llegamos pensando que íbamos a aprender a hacer un abono y terminamos hablando de algo bastante más grande: cómo nos relacionamos con la tierra y qué estamos haciendo con ella para producir nuestros alimentos.
¿Qué le estamos haciendo a la tierra?
Antes de empezar a mezclar ingredientes, Leo nos llevó por otro camino. Nos habló de agricultura, de cómo fue cambiando nuestra manera de producir alimentos y de las consecuencias que puede tener un modelo que busca extraer cada vez más de la tierra.
Y ahí apareció una pregunta que nos quedó resonando: ¿la agricultura moderna realmente significa progreso si para producir alimentos terminamos degradando el suelo que necesitamos para seguir produciéndolos?
No somos agricultores. Somos viajeros. Pero justamente por eso nos interesó tanto esta conversación. Cuando viajamos solemos pensar en naturaleza, paisajes, ríos, montañas y animales. Mucho menos pensamos en algo que está literalmente debajo de nuestros pies y que hace posible una enorme parte de nuestra vida cotidiana: el suelo.
Y quizás una de las primeras cosas que aprendimos ese día fue que la tierra no es simplemente tierra.
Debajo de nuestros pies hay vida
Cuando pensamos en cultivar, normalmente pensamos en la planta: una semilla, agua, sol y finalmente una cosecha. Pero hay todo un mundo que ocurre debajo de ella. El Bocashi parte justamente de esa idea: trabajar con materia orgánica y microorganismos para generar un abono fermentado que pueda aportar nutrientes y favorecer la actividad biológica del suelo.
Y lo interesante es que para hacerlo no necesitamos necesariamente algo sofisticado. Necesitamos aprender a mirar lo que ya tenemos alrededor.
¿Qué es exactamente el Bocashi?
El Bocashi es una mezcla fermentada de materiales orgánicos utilizada como abono y acondicionador del suelo. Su origen está asociado a Japón y actualmente se utiliza en distintos lugares dentro de sistemas de agricultura orgánica. El proceso consiste en fermentar materiales orgánicos en un ambiente aeróbico, favoreciendo la descomposición y la actividad de microorganismos beneficiosos.
Durante el taller con Leo trabajamos con una receta que combina diferentes materiales: 40 % de cama de gallina, formada por cascarilla de arroz y estiércol; 30 % de biochar mezclado con tierra; 12 % de melaza, dependiendo de la humedad; 2 % de microorganismos de montaña; 10 % de polvo de roca y 6 % de materia verde o restos de cultivos.
Cada elemento tiene una función dentro de la mezcla. La cama de gallina aporta materia orgánica y nutrientes; el biochar ayuda a retener nutrientes y favorecer la actividad microbiana; el polvo de roca incorpora minerales y la materia verde suma restos vegetales al proceso. Pero quizás lo que más nos sorprendió fue descubrir que los microorganismos también necesitan alimento.
La melaza: alimento para los microorganismos
Para preparar el líquido de fermentación se mezclan los microorganismos de montaña con melaza y agua. La melaza funciona como fuente de energía para los microorganismos y ayuda a que se multipliquen durante la fermentación. Después, esta mezcla se incorpora poco a poco sobre los materiales secos mientras se revuelve todo.
Y acá aparece algo que parece sencillo, pero es fundamental: la humedad. El Bocashi no debe quedar ni demasiado seco ni empapado. Una forma práctica de comprobarlo es agarrar un puñado y apretarlo. Si mantiene su forma pero no gotea agua, está en el punto adecuado.
Nosotros, que estamos acostumbrados a aprender muchas cosas viajando a través de la experiencia, disfrutamos especialmente esa parte. No había solamente una explicación: había que tocar, mezclar, oler, observar y, por supuesto, ensuciarse las manos.
Un abono que está vivo
Una vez mezclados todos los ingredientes, se forma una pila de aproximadamente un metro de altura. Pero el proceso no termina ahí. El Bocashi comienza a fermentar gracias a la actividad de los microorganismos y, durante los primeros días, la mezcla aumenta su temperatura.
Por eso hay que observarla y voltearla para favorecer la aireación y controlar el calor. El material del taller indica realizar estos volteos cada 2 o 3 días durante aproximadamente 10 a 15 días.
Es curioso pensar que algo que desde afuera parece simplemente un montón de materiales mezclados está, en realidad, atravesando todo un proceso. La materia se transforma, los microorganismos trabajan y la temperatura cambia. Finalmente, el Bocashi estará listo cuando tenga una temperatura estable y un olor agradable, parecido al de la tierra fresca.
Y entonces entendimos que el Bocashi era mucho más que un fertilizante
Quizás lo que más nos gustó del taller fue que Leo nunca nos hizo sentir que estábamos aprendiendo solamente una receta. El Bocashi terminó siendo una excusa para hablar de algo mucho más profundo: de ciclos, de residuos, de microorganismos, de alimentos, de suelo y de nuestra responsabilidad sobre todo eso.
Porque muchas veces pensamos que la sustentabilidad consiste en consumir menos, reciclar o separar los residuos. Pero también existe otra pregunta: ¿qué hacemos con lo que la naturaleza ya nos dio una vez que dejamos de necesitarlo?
Un resto de cultivo puede convertirse en materia para un nuevo ciclo. Un residuo orgánico puede volver al suelo. Y materiales que normalmente consideraríamos desechos pueden convertirse en parte de un sistema que vuelve a producir vida.
Aprender viajando
Una de las cosas que más valoramos de viajar es que muchas veces aprendemos sin buscarlo. Llegamos a un lugar y conocemos a alguien que nos cuenta su historia, probamos una comida que nunca habíamos probado, aprendemos una técnica o escuchamos una manera diferente de entender el mundo. Y algunas de esas experiencias terminan cambiando nuestra forma de mirar cosas que antes dábamos por sentadas.
Eso nos pasó con Leo. Después de este taller, cada vez que vemos una huerta pensamos un poco más en lo que ocurre debajo. Cada vez que vemos restos orgánicos, pensamos en los ciclos que podrían continuar. Y cada vez que hablamos de agricultura, aparece inevitablemente la misma pregunta:
¿Estamos produciendo alimentos para hoy o estamos construyendo las condiciones para poder seguir produciéndolos mañana? No tenemos una respuesta definitiva. Y quizás tampoco se trata de tenerla. Se trata de empezar a hacernos mejores preguntas.
Sobre Leo
Leonardo Henao – Profesor Agrícola
Leo es profesor agrícola y líder de la granja de Ritmo del Río. Allí trabaja en las operaciones agrícolas y desarrolla diferentes iniciativas relacionadas con el manejo de los recursos. Entre sus proyectos se encuentran sistemas innovadores de drenaje de agua y un biofiltro experimental para aguas grises.
Pero para nosotros, además de todo eso, fue la persona que nos invitó a mirar un montón de tierra, materia orgánica y microorganismos de una manera completamente diferente. Y por eso quisimos compartir esta experiencia con ustedes.
Porque viajar también es aprender. Y algunas veces, para aprender, hay que ensuciarse las manos.


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